sábado, 16 de abril de 2011

Si supiera

Si supiera que esconden esos ojos, esos ojos que son parte de mi martirio, esos ojos que se clavan profundos y que golpean como olas de mar bravío. Si supiera que guardan en su expresión triste, en el negro profundo de su mirar sombrío, en ese empeño obsesivo de penetrar los míos. Si supiera qué secretos tienes guardados detrás de esos cristales que transportan al alma, no tendría que sufrir buscando desentrañar esas verdades que llevas bajo llave guardadas.

Imaginándote

Estoy aquí, pensándote de una manera que nunca será; convirtiéndote en el reflejo de mis sueños, muy lejos de la realidad. Me siento en el sofá de los anhelos y la cruda verdad presiona fuertemente la columna vertebral de mi esperanza. No estoy acostumbrada a golpes tan crudos como los de la indiferencia y el olvido, tendré que acostumbrarme. Es difícil abandonar un hábito como es difícil desprenderse de la piel, aunque esté muerta, hay que dejarla mudarse sola, que salga por su propia voluntad. Lástima que el corazón, traidor y servil hasta el hastío, siga siendo más tuyo que mío, y no quiera sacarte, borrarte, tirarte para siempre en un abismo. Ya eres parte de su sangre y pasas cada segundo por sus arterias, envenenándolo lentamente, ¡Ya no podré expulsarte! Sólo podré olvidarte en el momento en que el aire me olvide y se niegue transitar por mis pulmones, sólo podré sacarte de mi memoria, cuando ella se quede en blanco como un velo de novia, y ya no haya más recuerdos. Sigo aquí imaginándote, en las formas infinitas en las que se puede imaginar al amor. Te idealizo perfecto, sin mácula; pero como las rosas, la imaginación tiene sus espinas, entonces caigo en la realidad por un momento, y me doy cuenta que no eres ni remotamente lo que yo querría.

miércoles, 6 de abril de 2011

Contarte un cuento

Déjame contarte un cuento, uno de esos inusuales, donde se confiesa sin vacilación el origen del miedo. En ese cuento podré confesarte que mis temores ya no son propios, porque nacen con los tuyos, que mis tristezas ya no son más que la continuación de tus tristezas, porque mis lágrimas son la concatenación de tus lágrimas y mis risas, el acorde de las tuyas.

Déjame contarte un cuento, sin fantasmas y sin duendes, porque para esta historia hay suficiente espanto con el dolor y el olvido, con la soledad y el llanto,con nuestros propios sufrimientos, dolores tan reales como nuestra carne.

Permíteme tan solo unos segundos para intentar lo imposible, para osar narrarte la profundidad de mi sentir. Concédeme la ilusión de rescatarme del abismo de la duda y la incomprensión, concédeme la fantasía de tratar de explicar lo obviamente inexplicable, de pretender alcanzar el fondo de este hueco infinito de mis sentimientos. Concédeme el magnífico privilegio de a solas, esta noche sin estrellas, sentarme a tu regazo y contarte un cuento.



lunes, 4 de abril de 2011

Sin ataduras

Como una rosa en un jardín, a cielo abierto, Colocada debajo del azul del cielo, o desnundándose en la noche ante miles de estrellas, soy libre de pensar y escribir lo que quiera, soy libre de ser o no ser lo que me plazca ser o dejar de ser... ...Por eso escribo sin ataduras, lo que mi alma siente en el instante en que tomo la pluma y el papel, aunque esos sentimientos pretendan ser, por su intensidad, censurados. Soy abierta a la crítica y a la libertad de expresión, y por eso no me coarto por lo que puedan pensar de mi escritura. Yo soy como el viento que elige su curso, y se desvía tan solo si quiere, sin rendir cuentas, sin avisar, porque nací con un alma presa en el cuerpo, decidí por convicción escribir sin atadura.