martes, 1 de junio de 2010

Te Vas

¿Por qué te vas? Eres una persona tan diferente, porque tienes esa capacidad de desaparecer en medio de tanta gente, y de que acompañada por miles y sin tí, me sienta en la más profunda soledad. Eres el amago de un beso, que deja a quien espera frustrado ante el deseo.
Mi nube de paso, eres un sueño gris-que ni blanco ni negro-, llegaste a mi vida cuando estaba muy despierta para cerrar mis ojos por un instante, y luego despertarme crudamente a una triste realidad. ¿Por qué te vas? Si eres un amor de esos que duran un destello y se vuelven eternidad. No me dejes bordando el pañuelo que secará mi llanto...no te me vayas nunca...¡Ah, qué digo, si ya te has ido! Mejor es pedirte que regreses, volviendo tu capacidad de desaparecer en medio de tanta gente, en el don milagroso de aparecer en medio del desierto de mi soledad.

Besando la aurora

Tengo besos llenos de eternidad, repletos de luz y de encanto, y tengo todos los llantos que te puedas imaginar. También llevo en mi pecho la aridez de la tierra azotada por los fuertes resplandores de un disco dorado que saluda desde lejos. Tengo la soledad de las caricias que no me diste, y que ahorraste en el bolsillo sin fondo del tiempo que ya pasó.
Me hundo en un mar de agua y melancolía, hecho de las grises penas que cubren el cielo justo antes de llorar. Sin embargo, no me lamento de la tristeza que me toma entre sus brazos y me dice dulcemente que ya no volverás, porque he sabido aferrarme a un beso tibio que atraviesa mi ventana y que urga a través de mis mejillas, lográndolas sonrojar. Ahora que no te beso, ahora que ya no hay tiempo de enmendar esos errores que nunca supiste que cometiste, me doy cuenta que he encontrado un anestésico para el dolor, dedicándome cada mañana a besar la aurora y a agradecer el que puede abrir mis ojos colando sus rayos por mi ventana.